Dos nómadas en la familia

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Sant Gervasi, Barcelona. Noviembre, 2014.

Se terminó el viaje por Italia luego de cinco meses. Estoy cansado. Nápoles fue un correr constante, me enfermé en Roma… Tomo un barco a Barcelona donde me espera mi hermana. Andrea también es nómada, pero en onda trapecista. Hace técnicas aéreas del circo como aro, telas y cuerda.  Viene de dar una vuelta por Tailandia y Australia donde trabajaba en un crucero. Al contrario de lo que se podría imaginar mis padres son super tranquis, han trabajado toda su vida para darnos lo necesario, mi padre como funcionario y mi mamá como secretaria, y precisamente por ello mismo, nosotros hemos podido arriesgar en otra dirección.

Con Andrea planeamos vivir juntos en Barcelona un mes, pero necesitamos una casa para aterrizar. Le escribo a Marta, quien antes me ha ofrecido su casa y así es como sucede esta sincronía familiar de reencuentro con mi hermana en una casa de familia buen rollo. El nomadismo implica alejarse de la familia, y en mi caso, con un océano de por medio, en no verles durante largos periodos de tiempo.

Todo comenzó por allá en los años 80´s cuando Carmen, bailarina de clásico español, durante una gira, conoció a Cornelis, un pediatra holandés. Decidieron entonces vivir en Barcelona y tuvieron tres hijas. Una de ellas Marta, ya amiga, a quien conocí de la Facultad de Bellas Artes de la UCM, integrante del colectivo El banquete, y con quien empezamos a coincidir en intereses, lugares y situaciones por Madrid. En casa también vive María, la hija menor, y su novio Dariel.

La familia es comodidad, cuidados, comer bien, y charlar. ¿Qué dar a cambio? Al comienzo dejo algunos juguetes por la casa, y les dibujo en la pizarra de la cocina con bocadillos para que ellos escriban lo que quieran. Como mi hermana ha tomado un curso de masaje thai en Tailandia ofrece un masaje taller. Una tarde de domingo las mujeres de la casa se entregan en el salón a un masaje mutuo siguiendo instrucciones. Luego, por mi parte, les propongo que representemos una escena familiar mía, una situación delicada y algo absurda que viví hace años. Le doy a cada una un guión y reparto los personajes “al azar”, pero como el azar no existe… A Carmen le toca ser mi mamá y María me representa a mí. Ensayamos entre la risa y luego grabamos la escena. Es un juego meta familiar, una representación en clave, un mensaje en sí mismo para cada uno de nosotras donde se muestra la estructura familiar con sus fricciones entre padres e hijos, y sus posibles complicaciones. (Como esto hace parte de la vida privada de mi familia creo que es mejor no hacer público el video.)

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Masaje Thai

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Actuando como mi familia. Nótese la cara seria de Marta, mi papá.

Carmen es una de esas madres que pronto se convierten en amigas y ya estás contándole tus cosas. Cornellis me revela los secretos de la industria farmacéutica y de las enfermedades de los niños de hoy. La última noche les ofrezco mensajes de mi caja/linterna de mensajes que funciona genial con familias, pues siempre hay cosas por decirse. En fin, cuatro días plácidos, de mucha cercanía. Una cómoda experiencia emocional para dos nómadas lejos de casa.

Marta ha escrito:

Cuando habitas la casa familiar, la convivencia entre tu invitado y tu familia puede resultar como un encuentro en la tercera fase. Sin embargo, ocurre que hay veces excepcionales en que el lapso de tiempo entre el sentar un extraterrestre en la mesa a la hora de cenar, y que tu madre parezca querer empezar trámites legales para una adopción formal, se acorta.

Si bien Alexander y Andrea nunca dejaron de ser un elemento disruptivo en la casa, el extrañamiento que pudo provocar en un principio su presencia se fue trasladando paulatinamente hacia nuestras propias dinámicas cotidianas. Bajo el poder exorcizante de las palabras de la linterna mágica de Alexander, por momentos parecía que pudiéramos ver desde la lámpara del comedor la escenificación de nuestra propia convivencia, arrancándola de sus particularidades, y situándola en el juego caleidoscópico de “la familia”.

Cuando algo nos es familiar, nos referimos a que de alguna manera poseemos un conocimiento previo de ello. A veces el desconocimiento, la desfamiliarización, hacer el camino del revés y de espaldas, aunque arduo, es necesario para hallar formulas relacionales en las que nos podamos sentir más cómodos y más libres, o por lo menos cuestionarnos las presentes. Desde entonces en la casa, aunque yo ya no esté, se baraja la posibilidad de construir una pista para el aterrizaje controlado de algunos OVNIS, especialmente para la temporada de primavera-verano.

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